sábado, 9 de marzo de 2013

La flor del desierto.

"En uno de esos ratos en que estaba yo entregada al sueño me despertó un ruido extraño. Al abrir los ojos me vi cara a cara con un león. Traté de levantarme, pero hacía días que no probaba bocado y las piernas se me doblaron. Apoyé el cuerpo contra el árbol que me había protegido del despiadado sol de África. Mi largo viaje a través del desierto había lledado a su fin. Estaba serena, dispuesta a morir.
- Ven y acaba conmigo de una vez -le dije al animal-. Estoy lista.
     El león me miró fijamente y yo le miré también. Entonces se relamión las facuces y empezó a pasearse frente a mí con movimientos elegantes y pausados. Podía atacarme en cualquier momento. Finalmente, dio media vuelta y se alejó, disuadido quizá al ver la poca carne que tenía yo pegada a los huesos.
     Cuando vi que la fiera no iba a matarme, supe que Dios me tenía reservado otro destino, una razón para mantenerme con vida. "¿Qué quieres de mí?", pregunté al cielo mientras me ponía en pie con dificultad. "Guíame, por favor"".