viernes, 21 de septiembre de 2012

"Cuentos para pensar", Jorge Bucay.

"Intentar escapar de los malos pensamientos es salir a buscarlos".

"Cuentos para pensar", Jorge Bucay.

"Vamos por el mundo odiando y rechazando aspectos de los otros, y hasta de nosotros mismos que creemos despreciables, amenazantes o inútiles, y sin embargo, si nos damos tiempos, terminamos dándonos cuenta de lo mucho que nos costaría vivir sin aquellas cosas que en un momento rechazamos".

Carlos Ruiz Zafón

"La televisión amigo Daniel, es el Anticristo y le digo yo que bastarán tres o cuatro generaciones para que la gente ya no sepa tirarse pedos por su cuenta y el ser humano vuelva a la caverna, a la barbarie medieval, y a estados de imbecilidad que ya superó la babosa allá por el pleistoceno. Este mundo no se morirá de una bomba atómica como dicen los diarios, se morirá de risa, de banalidad, haciendo un chiste de todo, y además un chiste malo." 

"El primer día", Marc Levy.

La joven escupió la bola de papel sobre su mano y suspiró.
- Ya está. ¿Ahora ya te acuerdas de mí?
Las puertas del ascensor se abrieron en el vestíbulo, pero yo me quedé inmóvil, con los brazos colgando; el ascensor volvió otra vez hacia el último piso.
- Te ha hecho falta mucho rato, esperaba haberte marcado un poco más, o a lo mejor es simplemente que estoy mucho más vieja...
- No, te aseguro que no es eso. No sé, el color de tu pelo...
- Tenía veinte años, en aquella época cambiaba mucho de color de pelo, pero ahora ya no. Tú no has cambiado nada, algunas arrugas más, tal vez, pero sigues teniendo esa mirada perdida en el vacío.
- Realmente, lo último que me esperaba era encontrarte aquí... después de todos estos años.
- Reconozco que lo habitual no es reencontrarse en un ascensor. ¿Quieres que volvamos a hacer otro viaje de bajada y subida por todos los pisos del edificio o me vas a llevar a cenar?
Y, sin esperar respuesta, Keira dejó caer su carpeta al suelo, se lanzó a mis brazos y me besó. Aquel beso me supo a papel maché; era exactamente eso, un beso de papel en donde en otro tiempo había soñado con escribir todo lo que sentía por ella. Hay algunos primeros besos que hacen que tu vida entera se desequilibre. Incluso si uno no quiere aceptarlo, es así. Esos primeros besos te pillan por sorpresa, sin previo aviso. A veces eso suede con el segundo beso, aunque este ocurra quince años después del primero. 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

"Lo que esconde tu nombre", Clara Sánchez

"El daño a uno mismo es lo único que puede aliviar la conciencia"

"Lo que esconde tu nombre", Clara Sánchez

"Todo ser humano tiene derecho a volar alguna vez en su vida"

"Lo que esconde tu nombre", Clara Sánchez.

"Probablemente delante de mí, con pantalones vaqueros, un chubasquero y una gorra de marinero muy usada  andaba ahora mismo tozudamente, como queriendo anclarse a la vida todo lo que pudiese, el Carnicero de Mauthausen. En aquel lugar que olía a carne quemada y donde los seres como Heim eran los señores de la vida y la muerte dejé de creer en Dios o dejó de gustarme. Si el dios de los campos verdes, de los ríos como el Danubio, de las estrellas y de las personas que te llenan de felicidad también era el dios de Heim, de las cámaras de gas y de los que sienten placer haciendo sufrir a los demás, ese dios no me interesaba,  se llamase como se llamase en las miles de religiones del mundo. Un dios de cuya energía salía el bien y el mal al mismo tiempo no me inspiraba confianza, así que empecé a vivir sin él esta vida que yo no había pedido. Y ni en los peores momentos lo he invocado en mis pensamientos, y a todo el mundo le aconsejaría que pasara lo más desapercibido posible ante él".

sábado, 3 de marzo de 2012

"El primer día", Marc Levy

-¿El primer hombre fue realmente aquel que se irguió para caminar a dos patas? ¿Aquel que decidió tallar la madera y la piedra para hacer herramientas? ¿El primero que lloró la muerte de un ser querido y tomó conciencia de que su propio fin era ineluctable? ¿El primero en creer en una fuerza que le era superior o, tal vez, el primero en expresar sus sentimientos? ¿Con qué palabras, qué gestos, qué ofrendas, el primer humano confesó que amaba? ¿Y a quién se dirigió, a sus padres, a su mujer, o a su descendencia, o a un dios?
     Los dedos de Keira dejaron el colgante. Colocó las dos manos sobre la mesa y miró un largo rato al profesor.
-Probablemente nunca conoceremos la respuesta.