"Abrió las dos puertas del ascensor, le cedió el paso y después entró él. Dio al botón de bajada y, en cuestión de segundos, ocurrió lo que tantas veces habían soñado ambos. El tiempo se detuvo. Estaban solos uno frente a otro. Se miraron a los ojos y, de forma apasionada, aquel hombre aparentemente de hielo la besó. No hubo palabras. Solo un beso de fuego. El calor de su boca en sus labios. Se abrazaron dando más intensidad a aquel encuentro desbocado. Un pendiente cayó al suelo. Solo al pararse el ascensor despegaron sus bocas. Inmediatamente se abrió la puerta desde fuera... Al salir de aquel espacio en el que se habían encontrado por primera vez sus labios, no pudieron articular palabra.
- Ha sido un placer... -cogió su mano, mirándola fijamente a los ojos-. Espero que repitas esta visita o volver averte donde tú me digas -la última frase se la dijo al oído.
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