"La muchacha tenía un corte en la frente y un morado en la mejilla, además de los labios hinchados. Y pese a todo, al mirarla tan de cerca, Grigori se quedó sin aliento. Ella le correspondió con una mirada franca y valiente que a él se le antojó maravillosa.
Mojó la punta de la toalla en el agua caliente.
- Con cuidado- le advirtió ella.
- Por supuesto. -Empezó limpiándole la frente. Cuando le hubo retirado la sangre, vio que la herida era un simple rasguño.
- Así está mucho mejor -dijo ella.
Lo miraba a la cara mientras le aplicaba la toalla. Él le lavó las mejillas y el cuello y luego dijó:
- He dejado la parte más dolorosa para el final.
-Seguro que no me haces daño -repuso ella -. Hasta ahora has sido muy delicado. - Pero pese a todo, la chica se estremeció de dolor cuando la toalla le rozó los labios hinchados.
- Lo siento -dijo él.
- Sigue.
A medida que las iba limpiando, vio que las heridas ya estaban sanando. Katerina tenía la dentadura blanca y perfecta de una muchacha joven. Le limpió las comisuras de aquella boca sensual y, al agacharse para acercarse a ella, sintió el aliento cálido sobre su cara.
Cuando hubo terminado, Grigori experimentó una extraña sensación de decepción, como si hubiese estado esperando algo que no había llegado a suceder. (...)
Grigori advirtió que el corazón le latía desbocado. Ya había limpiado heridas de otras personas anteriormente, pero nunca había experimentado aquella vertiginosa sensación. Si sintió como si estuviera a punto de hacer una estupidez.
Abrió la ventana, vació el caldero y dejó un charco rosado sobre la nieve del patio. Le pasó por la cabeza la extraña idea d que tal vez Katerina solo era un sueño. Se volvió, esperando a medias que su silla estuviera vacía, pero allí estaba, mirándolo con aquellos ojos azul verdoso, y sedio cuenta de que no quería que se fuese nunca.
Se le ocurrió que tal vez estaba enamorado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario