miércoles, 22 de septiembre de 2010

Camilo José Cela.

"Se nace poeta como se nace chino, como se nace ciego o como se nace príncipe, esto es, al margen de nuestra propia voluntad y sin comerlo ni beberlo. La poesía es una dolencia del alma y del cuerpo -ni contagiosa ni hereditaria: congénita- que se reparte por una nube de diosecillos antojadizos y caprichosos, tímidos y también descarados, arbitrarios y zascandiles, con la cabeza a pájaros de trino (pintacilgos, mirlos, ruiseñores) y en bandolera un carcaj de flechas talladas en palo noble -y a punta de navaja- por las musas. Al que le dan, le dieron, y aquí no se admiten reclamaciones: que San Juan, y fray Luis, y don Antonio, lloraron su dignidad en delicado verso y, sobre saberse con un ángel en la garganta y una amapola brotándoles del corazón, pasaron por este valle de lágrimas como silbidos. Horacio no tenía razón al llamar a los poetas genus irritabile, no; Horacio estaba, quizás, demasiado pagado de sí mismo. Los poetas no son como los pinta Horacio sino más bien como los Goncourt los vieron: vestidos de figura de Marc Chagall y subiendo hasta las estrellas por una escala de cuerda y tocando un violín"

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