miércoles, 1 de septiembre de 2010

"El diario de Ana Frank"

[...] Nada, pero absolutamente nada de lo que yo hago les cae bien: mi comportamiento, mi carácter, mis modales, todos y cada uno de mis actos son objeto de un tremendo chismorreo y de continuas habladurías, y las duras palabras y gritos que me sueltan, dos cosas a las que no estaba acostumbrada, me los tengo que tragar alegremente, según me ha recomendado una autoridad en la materia.


Pero ¡yo no puedo! Ni pienso permitir que me insulten de esa manera. Ya les enseñaré que no soy ninguna tonta, se quedarán muy sorprendidos y deberán cerrar sus bocazas cuando les haga ver que, antes de ocuparse tanto de mi educación, deberían ocuparse de la suya propia. Pero ¡qué se han creído!

Hasta ahora siempre me ha dejado perpleja tanta grosería y, sobre todo tanta estupidez. Pero tan pronto como esté acostumbrada, y ya no falta mucho, les pagaré con la misma moneda. ¡Ya no volverán a hablar del mismo modo! ¿Es que realmente soy tan maleducada, tan terca, tan caprichosa, tan poco modesta, tan tonta, tan haragana, etcétera, etcétera, como dicen los de arriba? Claro que no. Ya sé que tengo muchos defectos y que hago muchas cosas mal, pero ¡tampoco hay que exagerar tanto! Si supieras, cómo a veces me hierve la sangre cuando todos se ponen a gritar y a insultar de ese modo. Te aseguro que no falta mucho para que toda mi rabia contenida estalle.


Ana Frank, 28 de septiembre de 1942.

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